ENTREVISTA CON…JORGE SERNA

Hoy el protagonista de nuestra entrevista es Jorge Serna. Actualmente es el primer entrenador del Lleida Basquet de LEB ORO. Llego a Monzón en agosto de 2007 para coger las riendas del Cosehisa Monzón de Liga EBA, al cual dirigió durante cuatro temporadas. Destacar que fue seleccionador aragonés infantil femenino y cadete masculino. En esta última junto a Ramon Lahoz, actual entrenador del Cosehisa Monzón de primera aragonesa. Además, también fue preparador físico de las selecciones españolas U12 y U13.

¿Cómo fueron tus inicios en este deporte?

Empecé a jugar en el Colegio Romareda con 7-8 añitos con los amigos. En mi familia, a pesar de que no hubiera una gran tradición baloncestística, mi hermana mayor jugaba y mi hermano mayor también (acabó siendo un jugador bastante correcto de 1ª Nacional). En el cole, el deporte rey era el baloncesto, y yo empecé a practicarlo con mis amigos.

Yo llegué a ser, con mucho mucho esfuerzo y un gran interés, un muy mal jugador de baloncesto con ningún tipo de talento como jugador pero con una gran pasión por el juego.

Mi abuela me cuenta siempre la siguiente historieta: “cuando tenías 7-8 años, te despertabas a media noche al servicio y estando dormido ibas por el pasillo y te imaginabas que botabas la pelota y tirabas a canasta en cada puerta que había en la casa”.

Debía ser medio sonámbulo, jejeje. Lo que es verdad de esta batallita es que siempre me ha encantado el juego y, de hecho, me sigue encantando. Me encanta jugar, me encantar ver partidos de mis hijos, ver partidos de mi liga y de otras ligas. Disfruto diariamente entrenando y dirigiendo los partidos. Mi hábitat natural ha sido, es y será la cancha. Empecé  a entrenar a los 13-14 años (era cadete de segundo año y entrenaba al cadete de primer año del colegio), voy a cumplir 40 y todavía no he tenido ningún año sabático. De hecho, durante muchos años entrenaba varios equipos simultáneamente.

Creo que mi primera incursión en el mundo del entrenador la hizo mi padre con una conversación muy seria que mantuvo conmigo cuando yo debía tener 9-10 años. Recuerdo que fue una lección de vida. Seguramente no me ayudó como jugador, pero sí en mi posterior futuro como entrenador. Yo era un jugador tremendamente egoísta cuando era mini, tenía ciertos puntos en las manos, pero era un auténtico “chupón”. Entonces, un sábado por la mañana, al volver a casa de jugar un partido, mi padre me encerró en el lavabo y me explicó de una manera muy seria cosas vinculadas al “jugar en equipo”, a pasar el balón, a no ser el centro del mundo y ese tipo de cosas. El tono de la conversación fue de todo menos distendido. De hecho, no fue una conversación, fue un monólogo de mi padre. Esa conversación tuvo tal impacto en mi afectividad que, a partir de entonces, durante un tiempo dejé de tirar (nunca tiraba ni estando totalmente solo), solo defendía (bueno, tampoco defendía mucho, la verdad, jaja) y pasaba la bola. Por eso digo que no creo que me ayudara como jugador, pero sí como mentalidad de entrenador. Mi padre no pensaba en mi como entrenador, pensaba en que no quería que fuera una persona egoísta. Creo que lo consiguió. Es uno de los valores que creo que más me identifican a nivel humano. No le guardo ningún rencor por ello, al revés. No tenía ningún tipo de futuro como jugador y en cambio de entrenador no me ha ido del todo mal.

 

¿Qué supuso para ti tu llegada al Club Baloncesto Monzón?

Para mi ir a Monzón fue un auténtico sueño. Monzón es mi hogar baloncestístico y le tengo un cariño especial. Antes de llegar al club había entrenado en muchos sitios y después de mi etapa allí he estado en tres clubes.

Pero Monzón es otra historia, es diferente, no es solo baloncesto, es la calidad humana, el corazón, la generosidad. En un entorno como el baloncesto de competición donde los valores como los que acabo de decir no son muy habituales, encontrar Monzón fue mi MEJOR REFUGIO en ese momento. Además, yo venía de unas experiencias durillas y encontrar ese espacio tan humano me dio mucha paz. Y pude combinar paz personal en una buena liga, con un nivel de competición elevada, con buenos jugadores y en un club con una gran historia en la competición.

Yo empecé a ver al Monzón cuando tenía 14-15 años y me pasaba los fines de semana por los diferentes pabellones de Zaragoza (Pompiliano, La Granja, Helios, Olivar, Casablanca, Salvador….) viendo partidos de la antigua Segunda Nacional junto amigos del “cole”, entre ellos Israel Bayle, fantástico jugador de la Liga EBA durante muchos años y amigo íntimo.

En esa época veía a Sito de jugador, Celigueta, Corvinos, Aso, entre muchos otros; posteriormente, subieron a la Liga EBA. Además, uno o dos años más tarde tuve la GRANDÍSIMA SUERTE de coincidir con dos personas a las que tengo un cariño especial, Pepe Sanromán y Mario Pulido, que eran los entrenadores de UGT Aragón y me propusieron ser su Delegado. Por supuesto, acepté y pude conocer a un jugador que posteriormente jugó en Monzón, Richard Aranzábal. Para mi, en esos tiempos, los jugadores que he citado estaban a un nivel de ensoñación total. Recuerdo que decía que mi ilusión deportiva era jugar en Segunda Nacional. Obviamente, jamás lo conseguí.

Además, años más tarde (temporada 2005-2006), cuando estaba de asistente en Plus Pujol Lleida, iba mucho a Monzón a ver partidos de Liga EBA porque, o bien eran equipo vinculado o teníamos jugadores a los cuales ir siguiendo. Por tanto, mi seguimiento a Monzón fue desde hace muchos años y de manera bastante continuada.

Cuando dejé de ser asistente del Plus Pujol Lleida tenía muchísimas ganas de entrenar y tuve un par de opciones, una de ellas era Monzón y no lo dudé ni un segundo. Para mí el hecho de poder entrenar a un equipo al cual había seguido de bien pequeño, representando a mi Comunidad Autónoma, de un nivel tan elevado como la Liga EBA, con tan solo 26 o 27 años que tenía, pues lo entendí como una gran oportunidad.

 

Durante las cuatro temporadas que estuviste en Monzón, conociste a muchas personas ¿Quiénes fueron las más importantes para ti?

Tengo muy buenos recuerdos de muchísima gente de Monzón. Toda la gente del pabellón: conserjes, administrativos, aficionados,  …; todos los jugadores que entrené durante tantos años; los compañeros entrenadores, preparadores físicos y fisioterapeutas que tuve;  la familia Uguet  y Ana como representante de la misma, que seguía al equipo siempre muy de cerca;  pero, sin lugar a dudas, destacaría a dos personas a las cuales les tengo un cariño especial: Ramón Lahoz y Guillermo Uguet.

De Ramón seré muy breve, solo puedo decir que es la mejor persona que conozco en el mundo. Está al mismo nivel que mi abuela. No conozco a nadie con esa bondad, con ese corazón. Me iría con él al fin del mundo. El mejor amigo y compañero que se puede tener.

Guillermo es el Presidente más genuino que he conocido en mi vida. Es un entrenador, de hecho, un fantástico entrenador que, por circunstancias de su entorno, tiene que organizar y presidir el club. Es el creador y el motor del club. Le tengo tanto cariño por todo lo que aprendí, lo que me ayudó en mi crecimiento, la confianza que me dio, tantas y tantas oportunidades, aguantar todas mis tonterías.

En mi recuerdo tengo que, en mi tercera temporada en Monzón cometí un error gravísimo de configuración de plantilla el cual provocó un encadenamiento de muchas derrotas seguidos (no recuerdo exactamente pero alrededor de 10). En varias ocasiones le dije a Guillermo que buscáramos a otro entrenador porque yo no me veía capacitado para sacar esa situación y él se empeñó en que yo continuara; finalmente, conseguimos la permanencia. Le estoy muy agradecido por esa confianza. Con cualquier otro presidente hubiera sido despedido.

Después de que yo dejara Monzón, hemos mantenido el contacto cada año para el Campus que organiza en verano y Guillermo sabe perfectamente que tiene a Jorge Serna a su entera disposición para todo lo que necesite. Le estaré toda la vida agradecido por todo lo que influyó en mi. Yo tengo un padre biológico que se llama Joaquín Serna y un padre baloncestístico que se llama Guillermo Uguet.

Si tuvieras que elegir los cinco jugadores más destacados de entre todos los que dirigiste ¿Quiénes serían?

Se me hace muy difícil e injusto hablar de unos y no de otros pero voy a destacar a aquellos a los que relaciono más directamente con mi etapa de Monzón. Ni mucho menos quiero decir que fueran los mejores jugadores pero son con los que, por diferentes motivos, cada vez que recuerdo cosas de Monzón me vienen a la cabeza. No puedo resumirlos en 5, tienen que ser 7 jugadores:

  1. Jordi Muñoz por el impacto que tenía en el pueblo, por su estatus.
  2. Pau López porque probablemente es el jugador con el que más años he trabajado.
  3. Gamero en representación a Aragón y a la provincia de Huesca en concreto.
  4. Raúl Corral que fue mi primer fichaje y con el que mantuve una relación especial.
  5. Sergi Ruiz porque en esa tercera temporada tan mala, él nos ayudó enormemente a la salvación
  6. Dani Peruga, jugador nacido en Monzón que creció a lo largo de las temporadas y se convirtió en un jugador importante de la liga.
  7. Oscar Pino, por los sinsabores personales que lamentablemente ha tenido que sufrir y que desde aquí le envío un fuerte abrazo.

Me dejo a muchísimos, a todos ellos les envío un fuerte abrazo y mis mejores deseos.

¿Cuál fue tu momento más especial?

Pues la verdad es que en algunos equipos en los que he estado destacas momentos puntuales, partidos especiales, logros conseguidos. De Monzón, lo más especial fue estar en mi hogar deportivo durante 4 años.

Soy nacido en Zaragoza y me siento muy maño, pero como entrenador de verdad nací en Monzón.

 

¿Cuáles son las cualidades que debería tener un buen entrenador?

Ostras, no lo sé. Puedo decirte las que entiendo yo que debe tener mi entrenador ideal, pero es solo mi opinión basada en mi ideología:

-En primer lugar, ser un buen tipo, una buena persona. Es lo primero en lo que me fijo. Si no lo es, todo lo demás me sobra. En mi escala de valores, el baloncesto está por debajo de la calidad humana. Lo primero que busco en un jugador, en un asistente, en un entrenador de cantera es SER UNA BUENA PERSONA.

-Y para mí, valores asociados a ser buena persona son: ser un buen compañero, tener la capacidad y el deseo de trabajar en equipo, ser empático, estar al lado  y ayudar a los compañeros del equipo ( da igual que sean compañeros de staff o jugadores), no hablar mal ni de compañeros, ni de jugadores, ni de otros colegas-entrenadores.

-Amar el baloncesto y tener la capacidad de generar pasión a tus jugadores.

-Amar el entrenamiento, el día a día, desear y disfrutar trabajando con los jugadores tanto individual como colectivamente.

-Tener el deseo de seguir formándose, ir a clinics, ver entrenos de otros entrenadores, ver partidos, ver otras ligas.

-Tener la capacidad de escuchar la opinión de otros, de escuchar a los jugadores y ser flexible a la hora de modificar su plan de trabajo.

-Ser coherente.

-Y, de las últimas características, muy importantes, pero para mí en una dimensión inferior:

  1. a) saber mucho baloncesto y todas las ciencias en las que se sustenta.
  2. b) Tener un estilo definido, tener una ideología baloncestística definida y criterios sólidos que la sostengan.

Un buen entrenador tiene que tener junto a el a un gran equipo de ayudantes, en tu etapa aquí tuviste varios ¿con quienes te quedarías?

Con todos estuve muy bien, muy cómodo y me encantó trabajar con ellos. Mi primer año estuve con David Gustà, el segundo con Lluís Pino, y el tercero y cuarto con Iván Macarulla y Xavi López.

Toda mi etapa en Monzón fue compartida con Ramón Lahoz y lo ficharía allá donde me fuera. Si algún día tengo la oportunidad de ir a un nivel superior me gustaría que me acompañara.

 

De todos los jugadores que has entrenado en tu etapa en Monzón ¿Ha habido alguno que hayas dicho: ¡QUE DESCUBRIMIENTO!

Tuvimos a un gran jugador que se llamaba Jonatan Maldonado, un jugador argentino que era buenísimo, creo que juega actualmente en primera división.

Algunos jugadores como Juampi Sutina han llegado a jugar en Leb Oro muchos años.  En Monzón, con tal solo 18 años ofreció un rendimiento elevadísimo.

Tuvimos un jugador Jay Marriott que está haciendo carrera como entrenador en su país.

Luego hubo algunos jugadores que tenían muy buena pinta pero por diferentes razones no terminaron de tener carreras deportivas exitosas.

En general, disfrutamos de muy buenos jugadores de la categoría que dieron un gran nivel en su etapa en Monzón.

 

A los que se inician en este deporte como jugadores o entrenadores ¿Qué consejos les darias?

A los jugadores, que se lo pasen genial, que disfruten cada segundo jugando y entrenando. Que si de verdad les gusta que jueguen a todas horas, que vayan al cole con la bola de básquet, que jueguen en los parques, que se esfuercen a tope en los entrenos, que escuchen las indicaciones de sus entrenadores y que sean “súper” felices mientras juegan.

A los entrenadores, pues exactamente lo mismo. Creo que lo demás, viene si existe la pasión. Si no hay pasión, es medio obligación y entonces no tengo, ni quiero tener consejos ante esos jugadores y esos entrenadores.

Además, lo bueno del baloncesto es que hay escalas de niveles y cada uno puede elegir el tipo de baloncesto que quiere hacer: escolar, recreativo, de rendimiento, profesional. Hay espacio para todos y para todas, pero lo que es verdad es que cada entorno exige unas demandas.

Por ejemplo, el baloncesto de rendimiento es extremadamente duro y, en ocasiones, enormemente desagradable porque  exige entrenar cada día 2-3 horas o más, hacer entrenamientos de fuerza, entrenamientos de mejora individual, todos ellos al 100% de implicación y esfuerzo;  todo ese trabajo, en muchos casos no se corresponde con algunas situaciones que puede generar malestar emocional como son: pocos minutos de juego, la derrota ( excesiva obsesión social desde mi punto de vista por la clasificación, por la necesidad de sentirse ser el mejor), las frustraciones asociadas a ese entorno tan competitivo, el dejar de hacer otras cosas por esa ilusión de “llegar a la élite”.

Yo claramente me situé desde bien temprano es baloncesto de rendimiento y es lo que me gusta. Pero mis hijos que juegan a diferentes deportes siempre les digo lo mismo antes de cada entreno y cada partido:

“JORGE: ¿Qué es lo que tenéis que hacer hoy en el partido (o en el entrenamiento)?

“HIJOS DE JORGE: “Pasárnoslo genial y esforzarnos a tope”

 

El día que no me respondan eso, probablemente los anime a cambiar de disciplina deportiva o hacer otras cosas. Cada personita tiene sus gustos, sus pasiones, sus ilusiones. La mía ha sido, es y tiene toda la pinta de que será el baloncesto pero, mis hijos …. Por ahora han salido bastante futboleros, jajaja. Y bien que me lo pasó jugando al fútbol con ellos y verlos disfrutar.

 

Me he esforzado al máximo en contestar a vuestras amables preguntas y en ser lo más natural y sincero posible. Espero os haya gustado.

Un fuerte abrazo a toda la familia de Monzón. Os echo mucho de menos